Contexto cinematográfico en España y Galicia.

Precursores:

‘Riña en un café’ (1897)

La primera proyección pública realizada con un cinematógrafo fue en Madrid el 14 de mayo de 1896 a cargo de Alexandre Promio. Fue un éxito. Al año siguiente, aparece Riña en un café, la primera película española, de Fructuós Gelabert. Durante estos años el cine se basa en dramas teatrales.

‘Riña en un café’ (1897)

Durante la Primera Guerra Mundial el cine español vivió una época de oro, se desarrolló y 28 productoras rodaron 242 películas. A principios de los años veinte ciudades Bilbao y Valencia se convirtieron en grandes potencias cinematográficas. No obstante, con la llegada de Primo de Rivera al poder, Madrid sustituye a estas dos ciudades. La cultura popular y el folclore fueron los géneros típicos de estos años. En 1928, aparece el primer cineclub en Madrid.

Primo de Rivera

Edad Dorada (1939-1953):

El cine de estos años muestra la vida en un periodo de enfrentamiento, melancólico y dañado. Durante el franquismo se impone la censura y la obligatoriedad de doblar al castellano todas las películas estrenadas en España. La productora más rentable de la época es CIFESA, que inspira sus personajes e historias en sucesos o personas de relevancia histórica. En 1947, nace la Escuela Oficial de Cinematografía, llamada Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (IIEC). En 1953 destacamos la aparición de el Festival de Cine  de San Sebastián. Frente a esta oscura realidad el género típico de este periodo era la  comedia. Los “renovadores” y los “telúricos” enseñaron en sus obras una preocupación social y psicoanalítica basada en los dolorosos discursos sobre aquello vivido en esa época, además de contar con un compromiso estético inspirado en las vanguardias y en Hollywood. La melancolía y la locura derivada de las pérdidas que trajo esta etapa son los temas habituales del cine de este periodo.  

Años 60 y 70:

Tras la década dorada de los cuarenta, la producción de películas de animación se hunde en los años cincuenta, hasta llegar casi a desaparecer. Las pocas obras realizadas eran principalmente publicitarias. En este ámbito, cabe destacar la labor de los hermanos Moro (José Luis y Santiago Moro) con un estilo similar al Disney. Entre sus creaciones nos encontramos con Ruperta de un, dos tres… o La familia Telerín.

La familia Telerín.

Fuera de la producción publicitaria nos encontramos a autores como Francisco Macián; autor de una de las mejores películas de animación española: El mago de los sueños, Jordi Amorós; pionero de las películas de animación para adulto en España con Historias de amor y masacre (1976), Cruz Delgado; popular por su ambiciosa serie de televisión Don Quijote de la Mancha, que marcó un antes y un después en cuanto a organización y producción.

La organización de Estudios Moro, y experiencias previas, sirvieron de modelo para que otros estudios probaran suerte en el campo de los cortometrajes. Surgen así numerosos estudios de animación, excesivamente fragmentados, y de escaso éxito. Ej: Estudios Vara.

Años 80:

Si anteriormente la producción de animación se destinaba a la publicidad, a partir de esta década será la televisión quien acapara la mayoría de las producciones. Por lo que la auténtica protagonista de la animación pasa a ser TVE, debido a una desproporcionada política de colaboración con la industria cinematográfica española.

La productora más activa en esos momentos fue BRB Internacional, con producciones tan recordadas como: Dartacán y los tres mosqueperros (1981), David el gnomo -Luís Ballester en coproducción con TVE-; emitida por vez primera en 1985, llegó a comercializarse en EE.UU., Holanda y Australia, Willy Fog (1983) y Ruy, el pequeño cid (1980).

Introducción David el Gnomo

AÑOS 90 y animación actual:

Tras la amplia producción cinematográfica que se vivió en el cine español del posfranquismo, la transición política y el asentamiento de la democracia, a principios de la década de 1990 se produce una reducción en los volúmenes de producción respecto a los años anteriores. Esto se debe a la supresión de la política proteccionista, llevada a cabo por el ministro de Cultura Jorge Semprún. Aún al comienzo de los años 90, las evocaciones a la guerra civil y al franquismo son habituales, como se puede ver en películas como ¡Ay, Carmela! (1990), de Carlos Saura, Si te dicen que caí (1990), de Vicente Aranda, El largo invierno (1992), de Jaime Camino, Madregilda (1992), de Francisco Regueiro o Belle Époque (1993), de Fernando Trueba.

¡Ay, Carmela! (1990)

Uno de los directores más destacados del cine español de estos años es Pedro Almodóvar, con comedias que expanden a nuevos límites el género del esperpento, relatado ahora en ambientes urbanos. Entre sus películas más destacadas de esta década, cabe mencionar Tacones lejanos (1991) y Kika (1993). Otro de los directores más importantes de la comedia española de estos años es José Bigas Luna, famoso por la trilogía formada por Jamón Jamón (1992), Huevos de oro (1993) y La teta y la luna(1994). Rosa Vergés, con películas como Boom Boom (1992) o Souvenir (1993), es otra de las principales contribuidoras a la comedia de la época. La narración toma un papel importante en la obra de Vicente Aranda, como se puede ver en películas suyas como Amantes (1990), El amante bilingüe (1992) o La pasión turca (1992). Manuel Gutiérrez Aragón, por su parte, destaca por su obra El rey del río (1994), entre otras. Algunos directores más veteranos, como Fernando Fernán Gómez o Luís García Berlanga, continuan expandiendo su filmografía con obras como Siete mil días juntos (1994), de Fernán Gómez, o Nacional IV (1992) y Todos a la cárcel (1993), de García Berlanga. También cabe citar otras películas como El pájaro de la felicidad (1993), de Pilar Miró, Don Juan en los infiernos (1991), de Gonzalo Suárez, y El sol del membrillo (1992), de Víctor Erice.

Jamón Jamón (1992)

El cine gallego, por su parte, ve como se fundan, a principios de la década de 1990, dos instituciones muy importantes para el cine de esta región: el Centro Gallego de Artes de la Imagen (CGAI) y la Escuela de Imagen y Sonido.

Durante estos años se consolida también un grupo de nuevos cineastas vascos, entre los que destacan Imanol Uribe, Ana Díez, Montxo Armendáriz, Juanma Bajo Ulloa y Julio Medem. Entre las películas más destacadas de este nuevo grupo cabe mencionar Días contados (1994), de Imanol Uribe, Las cartas de Alou (1990), de Montxo Armendáriz, Alas de mariposa (1991), de Juanma Bajo Ulloa, y La ardilla roja (1993), de Julio Medem.

Fragmento de: Tacones lejanos

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